lunes, 12 de junio de 2017

Nadie es tan fuerte: todos somos vulnerables


   Descubrí Nadie es tan fuerte el mes pasado en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Llevaba horas flotando en una marea de tinta y papel, perdiéndome alegremente entre pasillos que —estoy seguro— habían sido diseñados para que los visitantes naufragáramos en un océano de libros. Imagino que a la distancia, para algún espectro borgeano que sobrevolara a gran altura, no habremos sido más que una multitud de hormigas surcando encrucijadas o palabras desordenadas queriendo regresar a los textos.
   En cierto momento la corriente me llevó por un pasillo similar a todos los demás, pero donde encontré un stand que cautivó mi atención de inmediato. Era el espacio de una editorial nueva y pequeña llamada Modesto Rimba.
     Lejos de la pomposidad de algunas de las editoriales más grandes, el stand de Modesto Rimba era —haciendo honor a su nombre— modesto, simple, minimalista. No había grandes estantes saturados de ejemplares ni pilas de textos condenados bajo algún cartel de oferta, sino una pequeña colección de títulos que, precisamente por su reducido número, investía a los libros de cierta grandeza. El efecto era el de esas vidrieras en las que se destaca un solo artículo, imponente bajo el resplandor de las luces.
     En cuanto me detuve en el stand, me cautivó el distintivo diseño de las portadas de la colección. De entre las miles que habían cruzado mis ojos ese día, éstas se destacaban por su originalidad y frescura. Supe que había encontrado algo diferente, especial. Hojeé varios de los libros expuestos, y sinceramente hubiera querido llevármelos a todos, pero terminé eligiendo uno del escritor rosarino Pablo Colacrai. O acaso el libro me eligió a mí.
     Me sentí atraído por el título: Nadie es tan fuerte. Ahora que he leído y releído el libro, siento que esas cuatro palabras captan la esencia de esta cautivadora colección de cuentos. Decir que nadie es tan fuerte es implicar, a su vez, que todos somos débiles, vulnerables. Esa dicotomía fuerza/debilidad es uno de los hilos invisibles que entretejen la trama de los relatos del libro. Por medio de historias pequeñas, cotidianas e íntimas, Colacrai explora tanto la fortaleza como la fragilidad humana, la vulnerabilidad emocional de la que nadie, ni el más fuerte, está exento.
     La nostalgia, la decepción, la ausencia, el recuerdo, el amor y el desamor son algunos de los monstruos etéreos que enfrentan los personajes del libro. Con la elocuencia de un lenguaje directo y honesto, libre de ampulosidad, Colacrai esboza el complejo trasfondo que subyace en toda situación, incluso en el más simple y pequeño de los momentos. Las circunstancias cotidianas que se describen en Nadie es tan fuerte intuyen que toda vivencia es mucho más de lo que parece; que el pasado y el futuro conviven y traspasan cada uno de los momentos que pueblan la vida; que a menudo lo más importante de un instante es lo que se esconde en la tensión del diálogo, en los gestos, en las miradas, en los silencios, en algún recoveco de la memoria.
     Con un enorme talento para desmenuzar instantes y crear atmósferas en las que se vislumbran anhelos y sentimientos profundos, Pablo Colacrai nos recuerda que estar vivo es ser vulnerable. Nadie sale ileso de las batallas cotidianas de la vida. Nadie es tan fuerte.



Pablo Colacrai
Nadie es tan fuerte
Buenos Aires: Modesto Rimba, 2017



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