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jueves, 8 de octubre de 2020

A la distancia

 



Cuando leas estas tenues palabras, 
el agua bajo mis pies será vapor.  
Será el llanto que inunda el aire, 
la lluvia lejana que apaga el ardor. 
Solo, a la distancia, 
acaso sentiré que soy real, 
que detrás de las máscaras 
nuestra mirada fue más que un naufragio 
en un océano de sal. 

Cuando leas estas tenues palabras, 
el tiempo se habrá llevado mis rasgos 
como hojas secas en la corriente. 
No seré más que niebla. 
Una sombra blanca y borrosa 
que se aferra a tu mente, 
que languidece, que tiembla. 

 


 

 Foto: Left behind por Kristina Alexanderson

martes, 31 de marzo de 2020

Final del viaje



Cuando mires atrás,
sabrás que el tiempo siempre estuvo allí,
inmóvil,
sereno,
como una puesta de sol eternizada en el horizonte;
como rieles mudos sobre el abismo,
como el viento en su seno.
Sabrás que el viaje fue otro,
siempre fue otro.
Llegarás a vislumbrar, quizá,
el silencio que atraviesa las cosas,
las sombras que nacen bajo el resplandor,
las nubes que se pierden en la memoria.
Comprenderás, acaso,
que tú fuiste el viaje;
tú fuiste el tiempo
que poco a poco, lentamente,
se habrá ido,
hasta convertirse en sombras,
hasta volverse olvido.



sábado, 6 de enero de 2018

Todas las luces



Por un instante, la eternidad
fue precisamente eso: un instante.
El universo, algo pequeño e íntimo;
algo que, con extraña fragilidad,
se alejaba de la palabra infinito.
Un cielo improvisado,
surcado por estrellas artificiales;
faroles galácticos,
barcas flotando en el abismo,
luces salpicando la oscuridad, desnudándola.

Intuí que estabas allí,
gravitando en la noche,
entre los destellos,
en el ambarino fulgor de las lámparas.
Supuse que Borges aventuraría que ese instante
era cada uno de los instantes,
que cada luz era todas las luces.
Comprendí que yo sabía menos
de los vericuetos del tiempo
que de los lejanos rasgos de tu faz
o los recónditos mecanismos de la memoria.

Por un instante, olvidé
la forma de mi propio rostro.
Por un momento, apenas,
creí recordar el tiempo exacto
de mi creación:
el preciso instante en el que
mi honda oscuridad
se tornó luz:
un fulgor ínfimo,
casi imperceptible,
que rasgó para siempre
el etéreo velo de la noche.

Ahora sé que Tú eres el origen vivo
del resplandor.
Yo, aún, un débil centelleo
que no acaba de nacer.





Foto: Alex Wong; Brendan Smialowski / Getty      

martes, 15 de enero de 2013

Azul



Un sol fugitivo
tiñe el mundo de azul.
La escenografía es simétrica, etérea…
impredecible.
La división de la vida,
infinita.

Las cerúleas sombras encajonadas
en mundos de hotel
profundizan la eternidad
de las cosas.
Son nidos de pasajeros en trance,
de luces que palpitan
por un breve tiempo.
Solo un breve tiempo.

En ese ínfimo lapso,
aferrada al límite de su mundo,
ella llora en silencio.
Su luz se apagará
bajo el resplandor añil de la luna.

Por un breve tiempo.
Solo un breve tiempo.




Este poema integra la antología “Versos en el aire II” (2014).