Recién pensé en un punto. Un punto cualquiera,
perfectamente redondo, perfectamente negro, impenetrable, mudo, minúsculo, sin
principio ni final… de alguna manera infinito. Pensé que un punto es todos los
puntos (o imaginé que Borges conjeturaría algo parecido). Pensé: ¿por qué estoy pensando en un punto? Me
dije: Debo estar loco o asquerosamente
aburrido. Concluí: Debe ser lo
primero. Sonreí; me puse serio. Seguí pensando en el punto y ahora escribo
sobre un punto cualquiera e intento concebir ese preciso y ambiguo círculo, su
verdadero significado, las oscuras implicaciones de escribir un punto, los
mundos que llegan a su fin dentro de esa insignificante esfera. Sospecho que
pronto habrá un Punto Final. Tal vez sea eso… tal vez por esa
razón pienso en un punto. No debo estar tan loco.
