Venía como suspendido en el aire, deslizándose como un espectro febril
y silencioso. Lo vi girar, correr, acercarse con ella, acercarse más y más,
surcando el terreno con ella, siempre con ella. Deseé verlo caer, deseé no
estar solo, deseé ser un felino. Después fue solo ella. Venía en alto, furiosa,
precisa, envuelta en magia y veneno. Creí que llegaría a tocarla, a torcer el
destino de esa esfera gloriosa y maldita. Me di cuenta de que ella le pertenece
a él, de que ni yo, ni un felino, ni cien fantasmas podríamos alcanzarla.
Después fue el rugido del estadio, yo de rodillas en el suelo, ella girando
enloquecida a mis espaldas… él con los brazos abiertos... él señalando al cielo.