Un meteorólogo enclaustrado en un pequeño observatorio contempla el
cielo infinito de la noche; allí están los astros, la oscuridad, el tiempo… la
soledad. Desde su reducido mirador en Valle Escondido, Nicolás Fonseca observa
innumerables mundos y estrellas que giran tercamente en su espacio programado, cada uno de ellos languideciendo en un aislamiento absoluto. Fulgor, la última novela de Jaime Collyer, es una historia infestada de soledad, de fantasmas que se desprenden como sombras de cada una de las páginas y se corporizan
frente a nuestros ojos.
Esta fascinante nouvelle de Collyer se adentra en la vida de
Fonseca, quien tras perder la virilidad a causa de una operación, pasa un año recluido en un observatorio en plena montaña, lejos de su esposa e hijo. Allí comienza a tambalearse sobre la cornisa que
divide la realidad del delirio. En su austero mundo cordillerano, la soledad se
refleja en todas las cosas: en la sombra amenazante y patética de un vagabundo,
en un cachorro extraviado que llega hasta él, en el ampuloso gesto de un árbol separado de los
demás, en cada uno de los seres o espectros que habitan su desolado universo. Hasta
que un fulgor inexplicable se desangra repentinamente en el cielo,
agrietando con su resplandor el cascarón invisible que envuelve el mundo de
Fonseca. A partir de entonces ya nada será igual.
Una novela melancólica, una historia que penetra el caparazón y nos
conduce a la esencia misma del ser humano: el dolor, el amor, la crueldad, la
compasión, la locura, el hambre, la lujuria, la esperanza, la soledad; siempre
la soledad.
Jaime Collyer
Fulgor
Santiago: Mondadori, 2011