Mostrando entradas con la etiqueta soledad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta soledad. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de octubre de 2020

A la distancia

 



Cuando leas estas tenues palabras, 
el agua bajo mis pies será vapor.  
Será el llanto que inunda el aire, 
la lluvia lejana que apaga el ardor. 
Solo, a la distancia, 
acaso sentiré que soy real, 
que detrás de las máscaras 
nuestra mirada fue más que un naufragio 
en un océano de sal. 

Cuando leas estas tenues palabras, 
el tiempo se habrá llevado mis rasgos 
como hojas secas en la corriente. 
No seré más que niebla. 
Una sombra blanca y borrosa 
que se aferra a tu mente, 
que languidece, que tiembla. 

 


 

 Foto: Left behind por Kristina Alexanderson

miércoles, 15 de enero de 2014

Dulce amargura




     El mundo está loco, déjeme que le diga… loco, loco. Sin ir más lejos, esta mañana me habló el mate. ¿Qué le parece? Sí, sí, así como le digo: el mate me habló. Lo tenía preparadito sobre un repasador, frente a mí en la mesa, mientras miraba una noticia de Crónica sobre un senador que, en plena sesión de la cámara de senadores o qué sé yo lo vieron entrar a un motel con una mujer que no era la esposa, así nomás, a plena luz del día, como Pancho por su casa; imagínese cómo están las cosas que ya todo el mundo hace lo que se le da la gana sin el menor pudor… Pero bueno, estaba mirando las noticias tranquila cuando, entre mate y mate, escucho que alguien me habla. Era una voz de hombre. Y usted sabe que yo estoy sola y que no meto hombres en casa; imagínese, a mi edad. Sí, sí, era una voz, pero le digo que no había nadie. Miro para todos lados y nada. Y cuando me levanto para sacar las tostadas del tostador, escucho la voz de vuelta; clarito, ahí en la cocina. No se imagina el julepe que me pegué. «¿Pero quién habla?», pregunté agarrando un cuchillo embadurnado de jalea de membrillo. «Soy yo, el mate», me contesta la voz. Y miro y sí, la voz venía del mate y hasta me pareció que la boca de la bombilla se movía. «Che, Negrita, pasate el azúcar, dale», me dice el mate. Yo me quedé dura. «Dale, Negri, no le aflojés al azúcar, y calentate el agua que hace un frío de locos por acá», me volvió a decir. ¿Me lo puede creer? Así me dijo el mate. Me hablaba como si fuéramos chanchos amigos, me tuteaba, me decía “Negrita”, “Negri”… con lo que detesto que me digan “Negri”. Hasta me mandó que cambiara de canal y que le trajera el diario. Ya no hay respeto, no hay nada… ni el mate la respeta a una. El mundo está loco, le digo… loco, loco.


miércoles, 22 de febrero de 2012

Fulgor: una novela infestada de soledad


Un meteorólogo enclaustrado en un pequeño observatorio contempla el cielo infinito de la noche; allí están los astros, la oscuridad, el tiempo… la soledad. Desde su reducido mirador en Valle Escondido, Nicolás Fonseca observa innumerables mundos y estrellas que giran tercamente en su espacio programado, cada uno de ellos languideciendo en un aislamiento absoluto. Fulgor, la última novela de Jaime Collyer, es una historia infestada de soledad, de fantasmas que se desprenden como sombras de cada una de las páginas y se corporizan frente a nuestros ojos.
     Esta fascinante nouvelle de Collyer se adentra en la vida de Fonseca, quien tras perder la virilidad a causa de una operación, pasa un año recluido en un observatorio en plena montaña, lejos de su esposa e hijo. Allí comienza a tambalearse sobre la cornisa que divide la realidad del delirio. En su austero mundo cordillerano, la soledad se refleja en todas las cosas: en la sombra amenazante y patética de un vagabundo, en un cachorro extraviado que llega hasta él, en el ampuloso gesto de un árbol separado de los demás, en cada uno de los seres o espectros que habitan su desolado universo. Hasta que un fulgor inexplicable se desangra repentinamente en el cielo, agrietando con su resplandor el cascarón invisible que envuelve el mundo de Fonseca. A partir de entonces ya nada será igual.
     Una novela melancólica, una historia que penetra el caparazón y nos conduce a la esencia misma del ser humano: el dolor, el amor, la crueldad, la compasión, la locura, el hambre, la lujuria, la esperanza, la soledad; siempre la soledad.


Jaime Collyer
Fulgor
Santiago: Mondadori, 2011